Cierre de exportaciones por GBG dejó golpe por 77 mdd a ganaderos de la región sur de Chihuahua

Las exportaciones de ganado se reactivan tras 16 meses, pero el rezago y la temporada fuerte podrían prolongar la recuperación hasta diciembre
Después de 16 meses con las exportaciones suspendidas por la amenaza del gusano barrenador, más de 12 mil cabezas de ganado esperan su turno para salir de Parral y el sur de Chihuahua con destino a Estados Unidos. Tranquilino Payán de la Asociación Ganadera Local asegura que la recuperación de este sector no se dará de un día para otro y que el rezago podría extenderse hasta diciembre, sin embargo, estima que el golpe económico para la región asciende los 77 millones de dólares.
El problema es que la reapertura no llegó acompañada de una capacidad suficiente para sacar de inmediato todo ese ganado. Payán explicó que los primeros lotes que ya están registrados podrían comenzar a desfogarse hacia principios de diciembre, pero advirtió que esto no necesariamente significa que para entonces el sector ya esté recuperado, debido a que durante octubre, noviembre y diciembre comienza precisamente la temporada fuerte de comercialización de becerros, por lo que nuevos animales se incorporarán a la lista de espera.
La recuperación chocará con la temporada fuerte de venta
La situación adquiere mayor relevancia porque el periodo en que se espera liberar parte del ganado rezagado coincide con la temporada natural de mayor oferta de becerros. El representante ganadero explicó que octubre, noviembre y diciembre constituyen la principal etapa de salida de ganado, debido a que los animales alcanzan mejores condiciones de peso y los productores aprovechan para comercializarlos antes de que cambien las condiciones de alimentación y clima.
De acuerdo con Payán, durante esos meses los productores suelen sacar la mayor parte de sus becerros, mientras que posteriormente, hacia febrero y marzo, vuelve a registrarse otro movimiento importante asociado al destete. Por ello, aunque el ganado actualmente registrado pueda comenzar a salir hacia diciembre, la lista de espera podría volver a crecer conforme los productores incorporen nuevos animales al proceso de exportación.
De octubre a diciembre incrementa la demanda de becerros en comercialización.
Esta circunstancia explica por qué la reapertura de la frontera debe entenderse como el inicio de un proceso de normalización y no como el final de la crisis provocada por el cierre. La actividad exportadora comienza a reactivarse, pero lo hace mientras existe una cantidad importante de ganado acumulado y en un momento del año en que tradicionalmente aumenta la disponibilidad de becerros.
La diferencia respecto al periodo de cierre es que ahora los productores vuelven a tener acceso a un mercado que paga considerablemente más. En los primeros movimientos de exportación se han registrado cotizaciones de hasta 4.50 dólares por libra para becerros de alrededor de 400 libras, lo que equivale aproximadamente a 30 mil 600 pesos por animal, prácticamente el doble de lo que se obtiene por un ejemplar similar en el mercado nacional, según los datos proporcionados previamente por Payán.
Una capacidad todavía limitada
El otro gran desafío está en la capacidad de las cuarentenarias. Payán explicó que, antes del cierre, el sistema podía movilizar alrededor de 6 mil cabezas, mientras que actualmente la capacidad efectiva se encuentra aproximadamente en una quinta o sexta parte de ese nivel en algunos puntos, lo que representa una limitación importante frente al volumen de animales que esperan turno.
La expectativa es que esta capacidad aumente conforme se incorporen nuevas instalaciones al proceso. El dirigente ganadero señaló que alrededor del 24 de octubre se prevé la apertura de la cuarentenaria de Palomas, Chihuahua, lo que permitiría incrementar el flujo de animales y aliviar parcialmente la acumulación que actualmente se presenta.
Una vez que el esquema opere con mayor normalidad, se estima una capacidad aproximada de 2 mil 500 cabezas por San Jerónimo y mil 200 por Palomas, para alcanzar alrededor de 3 mil 700 animales. Si posteriormente se habilitara Ojinaga, el movimiento podría aumentar hasta un rango de entre 4 mil y 5 mil cabezas. Sin embargo, Payán advierte que San Jerónimo podría convertirse en el principal punto de rezago, ya que, aunque su capacidad total ronda las 3 mil 500 cabezas, la operación podría limitarse inicialmente a unas 2 mil 500.
El volumen permite dimensionar el reto: aun con una capacidad de varios miles de animales por semana, el sistema tendrá que absorber simultáneamente el ganado que permaneció esperando durante meses y la producción que normalmente sale durante la temporada fuerte de otoño e invierno.
El cierre obligó a todos a buscar alternativas
Durante los 16 meses de suspensión, los productores no tuvieron la posibilidad de simplemente conservar indefinidamente los animales hasta que regresara la exportación. El ganado representa una mercancía que requiere movimiento y alimentación constante, por lo que eventualmente los productores tuvieron que recurrir al mercado nacional, a las engordas, a asociaciones entre ganaderos o incluso al sacrificio de animales para poder mantener liquidez.
Payán resumió el impacto señalando que, en mayor o menor medida, todos los productores terminaron afectados, porque un año representa demasiado tiempo para mantener inmovilizada una mercancía que genera costos diariamente. En sus palabras, el productor tuvo que vender porque, si las cuentas no terminaban por obligarlo a salir del negocio, el propio ganado lo hacía debido a los costos de mantenimiento.
Y mantener un animal tiene un costo considerable. De acuerdo con la estimación proporcionada durante la entrevista, alimentar y mantener una cabeza en corrales y pastura representa alrededor de 500 pesos semanales, es decir, aproximadamente 2 mil a 2 mil 200 pesos mensuales por animal. En un escenario de cientos o miles de cabezas, prolongar el tiempo de permanencia representa una carga financiera considerable para el productor.
Esto ayuda a explicar por qué la reapertura de la frontera tiene una importancia que va más allá de conseguir un mejor precio por cada becerro. Para los productores, representa la posibilidad de recuperar parte de la capacidad financiera perdida durante más de un año de operar con un mercado que pagaba menos.
77.8 millones de dólares que dejaron de circular
El impacto económico acumulado ayuda a dimensionar la profundidad del problema. Antes del cierre, la región de Parral y el sur de Chihuahua colocaban aproximadamente entre 50 mil y 55 mil cabezas anuales en el mercado estadounidense. Al considerar los 16 meses sin exportaciones, el cálculo proporcionado por Payán estima que alrededor de 77 mil 800 becerros dejaron de enviarse al vecino país.
El diferencial de aproximadamente mil dólares por cabeza entre el mercado estadounidense y el nacional permitió estimar en 77.8 millones de dólares el monto que dejó de ingresar a la economía regional durante ese periodo. Esa cantidad no representa solamente una reducción en los ingresos de los propietarios de los ranchos: también significó menor capacidad para invertir, mantener infraestructura, contratar servicios y realizar mejoras productivas.
Durante la entrevista, Payán explicó que muchos proyectos quedaron detenidos por la falta de liquidez. Entre ellos se encuentran rehabilitaciones de corrales, infraestructura hidráulica, sistemas de energía solar y otras inversiones destinadas a hacer más eficientes las unidades de producción.
Por eso, la recuperación del sector dependerá no solamente de que los precios permanezcan altos, sino de que el productor consiga nuevamente liquidez suficiente para comenzar a invertir en lo que tuvo que aplazar durante el cierre.
Los municipios que abastecen a la región
El movimiento ganadero que llega a la zona de Parral no corresponde únicamente a productores establecidos dentro del municipio. La actividad involucra principalmente a municipios rurales de la región sur, entre ellos Valle de Zaragoza, Huejotitán, Matamoros, Coronado, Allende y Parral, desde donde se concentra parte del ganado destinado a la comercialización.
Esta característica permite entender también por qué la recuperación tendrá efectos regionales. El dinero generado por la exportación no permanecerá exclusivamente en las asociaciones ganaderas o en los ranchos, sino que puede trasladarse hacia proveedores de alimento, transporte, maquinaria, servicios veterinarios, infraestructura y otras actividades relacionadas con la producción pecuaria.
El nuevo reto: estar listos para cruzar
Con la frontera nuevamente abierta, el problema cambia. Durante el cierre, el principal desafío era encontrar un mercado para colocar el ganado. Ahora el reto consiste en tener los animales preparados para aprovechar el turno cuando llegue.
Payán recomendó a los productores mantener los lotes listos, realizar oportunamente los procedimientos preventivos y asegurarse de que los animales se encuentren en condiciones sanitarias adecuadas. La intención es que, una vez recibido el turno, el ganado pueda avanzar rápidamente y no pierda la oportunidad de exportación por algún trámite o requisito pendiente.
El procedimiento sanitario, explicó, mantiene tiempos similares a los que existían antes del cierre. Desde la intención de prueba pueden transcurrir cuatro o cinco días para obtener respuesta y posteriormente se realizan las pruebas correspondientes. Considerando los diferentes pasos y posibles contratiempos, el proceso completo puede extenderse hasta aproximadamente 15 días.
Uno de los cambios que facilita el procedimiento es que ahora la reseña de los animales se incorpora antes de la programación, lo que permite detectar anticipadamente algunos errores y corregirlos antes de que el ganado llegue a las siguientes etapas.
Gusano barrenador: la frontera sigue dependiendo de la sanidad
A la recuperación económica se suma un factor que continuará condicionando la exportación: el gusano barrenador. Payán consideró que el protocolo actual está diseñado para trabajar bajo la presencia de la plaga y señaló que, desde su percepción y con base en conversaciones con personal de las brigadas, el problema se mantiene contenido en los municipios donde se han detectado casos.
Sin embargo, advirtió que no se puede bajar la guardia. Durante la entrevista señaló que las acciones de control continúan y que incluso se contempla reducir gradualmente las trampas en algunas zonas donde la situación ha mostrado señales de control.
El dirigente también identificó un nuevo foco de atención en los animales domésticos y, particularmente, en perros callejeros que pueden presentar heridas y convertirse en un punto de riesgo para la propagación. Brigadas especializadas comenzaron a trabajar en municipios de la región para atender a mascotas y animales en situación de calle, en coordinación con personal sanitario.
El riesgo de volver a formar una fila
La reapertura tampoco elimina el riesgo de que vuelva a acumularse ganado. El propio Payán reconoció que existe la posibilidad de que nuevamente se genere una fila si se presenta algún problema sanitario, una nueva restricción o una falla en la operación.
Entre los escenarios que podrían afectar el flujo mencionó desde una eventual emergencia sanitaria hasta problemas como los que anteriormente provocaron interrupciones en otros puntos de exportación. Por ello, consideró indispensable que los productores revisen cuidadosamente sus animales antes de enviarlos y que cada uno de los participantes de la cadena cumpla correctamente con su responsabilidad.
El mensaje del sector ganadero es claro: abrir la frontera fue solamente una parte del proceso; mantenerla abierta representa ahora el desafío principal.
Payán señaló que productores, médicos veterinarios, agentes aduanales, transportistas y demás participantes deben trabajar de manera coordinada para evitar cualquier situación que pueda poner nuevamente en riesgo los envíos. La reapertura, dijo, sigue siendo una situación delicada y todos deben actuar con el mayor cuidado posible.
Después de 16 meses con la frontera cerrada, la ganadería del sur de Chihuahua entra así en una nueva etapa: ya no se trata solamente de esperar que vuelva la exportación, sino de conseguir que el flujo sea suficiente, que el ganado cumpla todos los requisitos sanitarios, que la infraestructura responda y que los productores puedan recuperar gradualmente los millones de dólares que dejaron de circular en la región.
Y en ese camino, el dato que mejor resume el tamaño del reto es el que actualmente permanece detrás de los corrales y las listas de espera: alrededor de 12 mil a 13 mil cabezas de la región sur buscando una oportunidad para cruzar, mientras que nuevos becerros continuarán incorporándose al proceso durante los meses de mayor comercialización.
Fuente: El Sol de Parral




