Minerales críticos: el eslabón que México no puede perder

Cuando pensamos en inteligencia artificial, solemos imaginar algoritmos, centros de datos y enormes capacidades de cómputo. Pero debajo de toda esa infraestructura digital existe una realidad mucho más tangible: cobre, grafito, cobalto, tierras raras y otros minerales sin los cuales la economía tecnológica simplemente no funciona.
Por eso, los minerales críticos dejaron de ser un asunto estrictamente minero. Hoy son una prioridad económica, industrial y de seguridad nacional. La concentración de las cadenas de suministro lo confirma: de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, China concentra 72% de la capacidad mundial de refinado. La ventaja, por tanto, no está sólo en tener minerales bajo tierra, sino en extraerlos, procesarlos e incorporarlos a cadenas productivas de alto valor.
Estados Unidos y Canadá ya se mueven en esa dirección. El Proyecto Vault, anunciado en febrero del presente año por el gobierno de los Estados Unidos pretende crear una reserva estratégica de minerales críticos (tierras raras, galio, cobalto, litio, grafito, níquel, etc.) con una inversión cercana a los 12,000 millones de dólares.
Canadá, por su parte, dio a conocer el 2 de marzo una serie de 30 nuevas alianzas e inversiones que movilizarán 12,100 millones de dólares canadienses en proyectos de minerales críticos, en colaboración con 12 socios internacionales, con el objetivo de acelerar su producción, fortalecer las cadenas de suministro y facilitar su acceso a los mercados globales.
No son esfuerzos aislados. Forman parte de una estrategia más amplia para asegurar que una mayor proporción de la extracción, el procesamiento y la manufactura ocurra dentro de Norteamérica, incluyendo temas de seguridad nacional.
Ahí es donde el T-MEC adquiere una dimensión estratégica. En las mesas de negociación, los minerales críticos deben verse como parte de la siguiente etapa de integración regional. Si durante décadas el automóvil fue uno de los grandes ejes de la economía norteamericana, ahora baterías, semiconductores, centros de datos, redes eléctricas y tecnologías limpias requieren una nueva base material. El tratado puede ser no sólo un marco comercial, sino una plataforma para coordinar inversión, reglas de origen, infraestructura, seguridad de suministro y desarrollo industrial.
México tiene activos para ocupar una posición relevante. Sonora aporta buena parte de la producción nacional de cobre y también produce grafito; Coahuila cuenta con yacimientos de tierras raras; San Luis Potosí concentra fluorita, y Sonora y Baja California Sur poseen depósitos de cobalto.
Además, existe una puerta institucional. El 5 de febrero de 2026, México y Estados Unidos formalizaron un Plan de Acción bilateral sobre minerales críticos que contempla 20 materiales, intercambio de información geológica y proyectos conjuntos desde la exploración hasta la manufactura integrada. El reto es llevar esa cooperación al terreno trilateral y vincularla con la agenda del T-MEC, con una visión de largo plazo.
Para México, eso exige una política industrial clara. Primero, ampliar la exploración y modernizar la información geológica. Segundo, ofrecer certidumbre regulatoria y procesos de autorización previsibles, con altos estándares ambientales y sociales. Tercero, y quizá más importante, dejar de pensar en los minerales críticos únicamente como una actividad extractiva.
Exportar mineral sin transformar reproduce una lógica de bajo valor agregado. Procesarlo e integrarlo a baterías, componentes electrónicos, semiconductores y otras industrias estratégicas multiplica su impacto económico. Para lograrlo se requiere energía, agua, logística, talento técnico, financiamiento y una estrategia regional que conecte las capacidades de los tres países.
La oportunidad no consiste en competir por quién extrae más. Consiste en construir una cadena regional completa: explorar en Norteamérica, procesar en Norteamérica y fabricar en Norteamérica.
Los minerales críticos ya están redibujando el mapa productivo mundial. Para México, la pregunta es qué lugar quiere ocupar en esa nueva arquitectura: proveedor de materias primas o socio industrial estratégico. La revisión del T-MEC ofrece una oportunidad concreta para responderla. Y esa decisión no puede postergarse.
Fuente: heraldodemexico.com.mx




