El valor está en la carne: Chihuahua busca aprovechar su capacidad de engorda

La carne que llega a la mesa en forma de un corte, una chuleta o una sencilla carne molida tiene detrás un proceso mucho más complejo de lo que parece. En Chihuahua, donde la ganadería representa uno de los pilares de la economía rural y de ella dependen al menos 75 mil familias, la engorda de ganado se ha convertido en un eslabón estratégico para mantener activa la cadena productiva
En el municipio de Santa Isabel se encuentran los Corrales de Preacondicionamiento de la Unión Ganadera Regional de Chihuahua (UGRCH), instalaciones diseñadas para recibir a los animales bajo protocolos que permiten reducir riesgos sanitarios, mejorar su condición física y preparar los lotes para cumplir con los estándares de los mercados nacionales e internacionales.
Tradicionalmente, una parte importante del ganado que llega a estos corrales tiene como destino la exportación. Sin embargo, el cierre de la frontera provocado por la presencia del gusano barrenador del ganado (GBG) modificó temporalmente el rumbo de los animales: aquellos que antes salían del país ahora permanecen en Chihuahua y entran al proceso de engorda para posteriormente ser enviados a sacrificio.
El proceso comienza mucho antes de que el ganado llegue al comedero. En la planta de alimentos de la UGRCH se preparan las raciones que acompañarán a los animales durante su estancia. Una cargadora compacta coloca las pacas de alfalfa o rastrojo en un molino de olla, donde los forrajes son triturados hasta alcanzar el tamaño requerido.

A la mezcla se incorporan pasta de soya, grano seco de destilería y maíz rolado, este último adquirido en la región de los Campos Menonitas. La fórmula exacta forma parte de la estrategia de alimentación de la engorda, pues cada ingrediente cumple una función específica para que el animal pueda desarrollarse de manera eficiente.
Uno de los procesos más importantes ocurre con el maíz. El grano es sometido a cocimiento a vapor y posteriormente pasa por rodillos que lo convierten en hojuela. Con ello se busca hacer más disponibles los almidones para los microorganismos que viven en el rumen del ganado y facilitar su transformación en energía.
Esa energía termina reflejándose en el desarrollo del animal y, particularmente, en la formación de grasa intramuscular, conocida como marmoleo. Por ello, la alimentación no es estática: conforme el ganado crece, también cambia la proporción de los ingredientes que recibe.
Cuando los animales recién llegan de los ranchos, la dieta contiene una mayor proporción de forraje. Poco a poco se modifica la fórmula para incorporar mayores cantidades de grano y proteína, permitiendo que las bacterias del rumen se adapten y que el ganado avance de manera gradual hacia una dieta de mayor concentración energética.

Una vez preparada la ración, el alimento es trasladado en carros mezcladores que recorren los pasillos de los corrales para depositarlo directamente en las canoas. El procedimiento permite distribuir de manera uniforme la mezcla y mantener bajo control la alimentación de cada lote.
Pero la engorda no se reduce a alimentar al ganado. En las instalaciones también existen áreas destinadas al resguardo y manejo de los animales, con protocolos encaminados a reducir el estrés durante su estancia. El objetivo es que los ejemplares se mantengan en buenas condiciones mientras alcanzan el peso y desarrollo adecuados para su siguiente destino.
El Centro de Acopio de Palomas, con capacidad para albergar hasta 9 mil cabezas, actualmente opera por debajo de ese nivel debido, entre otros factores, a que las lluvias han permitido que parte del ganado regrese a los ranchos y a que otros animales han sido comercializados en distintos estados ante las restricciones que enfrenta la exportación.
En los corrales también se encuentran novillos que ya alcanzaron una condición adecuada para entrar al mercado de carne. Son animales que representan una oportunidad para Chihuahua: en lugar de limitar la actividad ganadera a la venta del ganado en pie, la engorda permite agregar valor dentro del propio estado y generar una mayor derrama económica

La UGRCH ha identificado una capacidad instalada de aproximadamente 50 mil cabezas por ciclo. La apuesta es aprovechar esa infraestructura para que una mayor parte del valor generado por el ganado permanezca en Chihuahua, especialmente durante el periodo en que la exportación enfrenta restricciones sanitarias.
El reto, sin embargo, está en lograr que ese valor agregado se refleje también en el precio final de la carne. La engorda representa un negocio distinto a la exportación de ganado en pie: implica alimentación, infraestructura, manejo, tiempo y costos adicionales, pero también abre la posibilidad de que Chihuahua participe en una etapa más rentable de la cadena.
Desde el sector ganadero se plantea incluso la necesidad de revisar las políticas públicas y las condiciones del mercado para que la carne producida en la entidad pueda competir de manera justa. El objetivo es que el producto local encuentre mejores condiciones frente a carne que llega de otras regiones o incluso de otros países.
Así, detrás de cada kilo de carne hay una cadena que comienza en los ranchos, pasa por los corrales de preacondicionamiento y engorda, continúa con el sacrificio y procesamiento y finalmente llega al consumidor.
Para Chihuahua, fortalecer ese recorrido dentro del estado podría representar no solo una alternativa ante el cierre temporal de la frontera, sino una oportunidad para darle mayor valor a una de sus actividades económicas más tradicionales.




