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¿Está México preparado para ser el socio minero de EU en su nuevo giro industrial?

En Davos 2026 se repitieron muchas palabras, pero una idea marcó el tono: el poder económico se está midiendo cada vez más como poder industrial. Inteligencia artificial, defensa avanzada, manufactura de alta tecnología, grandes infraestructuras físicas. Todo apunta a la misma pregunta: quién va a controlar la base productiva que sostiene ese sistema en la próxima década.

El eje de su mensaje fue reconstruir una base industrial propia, capaz de producir lo que considera estratégico para su seguridad y su competitividad. Incluye plantas y empleos, pero también insumos. Ahí entran los minerales, la base material sobre la que se apoya esta estrategia de seguridad industrial.

El discurso de los representantes estadounidenses, incluido el presidente Trump, puede leerse en tres líneas continuas. Primero, seguridad nacional entendida como seguridad industrial: la defensa, la tecnología y el empleo dependen de tener capacidades productivas en casa o en territorio aliado. Segundo, una reorganización de las cadenas de suministro, acercando producción, reforzando acuerdos y construyendo un círculo de socios confiables. Tercero, un paso decidido de las declaraciones a los proyectos: nombres de plantas, montos de inversión, incentivos concretos y listas de productos estratégicos.

Con ese encuadre, los materiales dejan de ser un asunto sectorial y pasan a formar parte de la infraestructura que sostiene este giro industrial. El ejemplo más claro de esa lógica es el proyecto de Korea Zinc en Tennessee. Es una decisión de poner miles de millones de dólares en una planta de procesamiento de metales pensada para producir zinc, plomo y otros minerales relevantes para la industria y la defensa. El esquema de financiamiento incorpora de forma directa al sector público estadounidense y el diseño apunta a que una parte relevante de esos metales se procese dentro del territorio de Estados Unidos.

Y ahí emerge México. Los análisis del propio proyecto anticipan que el abastecimiento de concentrados no será sólo doméstico, sino del conjunto de Norteamérica, con México incluido dentro de la arquitectura de seguridad industrial estadounidense como proveedor de insumos clave. El país llega a este punto con una base minera sólida. Es líder mundial en plata y productor importante de oro, cobre y zinc. Sonora, Zacatecas, Chihuahua, Durango y otros estados concentran operaciones con infraestructura, proveedores y capital humano especializados. Una parte significativa de esa producción ya alimenta cadenas industriales vinculadas a Estados Unidos, de forma directa o indirecta.

 

Fuente: expansion.mx

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