Barrido sanitario en Allende busca ser la llave que reabra la frontera ganadera de Chihuahua

La ganadería chihuahuense ha construido, durante décadas, una reputación nacional e internacional basada en la calidad genética de sus hatos y en el estricto cumplimiento de las normas sanitarias. Esa confianza no surgió por casualidad: es el resultado de años de inversión, disciplina y trabajo coordinado entre productores, autoridades y organismos de sanidad pecuaria. Hoy, ese prestigio vuelve a ponerse a prueba con el arranque del barrido sanitario en el municipio de Allende, una estrategia que busca demostrar, con evidencia científica, que Chihuahua continúa siendo un referente en materia de sanidad animal, con miras a que esto se convierta en una llave que pueda abrir de nuevo la frontera.
El trasfondo del programa va más allá de la aplicación de pruebas. El barrido sanitario representa uno de los requisitos más importantes establecidos por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), organismo que exige conocer con precisión la situación sanitaria del ganado mexicano, así como la cantidad real de animales existentes, para evaluar la prevalencia de enfermedades como la tuberculosis bovina y mantener la confianza en los estados
El presidente del Comité de Fomento y Protección Pecuaria del Estado de Chihuahua, Gerardo Enrique Sosa Venzor, explicó que el compromiso asumido con el USDA contempla realizar un barrido general en toda la entidad con la meta de concluirlo en 2029. Sin embargo, diversos factores, entre ellos la prolongada sequía y problemas operativos, provocaron un retraso cercano a un año. Por ello, el arranque en Allende constituye el primer paso para acelerar un proyecto considerado estratégico para el futuro de la ganadería estatal.
La importancia de este barrido radica en que, por primera vez, permitirá contar con un censo prácticamente real del ganado existente en Chihuahua. Sosa Venzor señaló que hasta ahora ninguna base de datos oficial ha logrado reflejar con exactitud el número de animales que existen en el estado. Esa información resulta fundamental para que las autoridades estadounidenses puedan calcular la prevalencia real de enfermedades y evaluar el nivel sanitario de la entidad.
Los resultados obtenidos durante el barrido realizado en la región serrana representan una muestra del alcance que puede tener este programa. En 12 municipios fueron inspeccionadas alrededor de 98 mil cabezas de ganado, además de cabras y borregos, sin detectarse casos positivos de tuberculosis ni de brucelosis. El dirigente explicó que también se logró identificar una gran cantidad de animales que anteriormente no contaban con los registros correspondientes, lo que fortaleció la trazabilidad del hato ganadero.

Ese resultado adquiere especial relevancia porque confirma que una de las regiones más extensas y de acceso más complicado del estado mantiene condiciones sanitarias favorables. Para lograrlo fue necesario desplegar un operativo que durante dos años movilizó a médicos veterinarios a comunidades de difícil acceso, donde en muchos casos debieron abandonar sus vehículos para continuar varias horas a caballo antes de realizar las pruebas individuales al ganado. El esfuerzo fue respaldado económicamente por el gobierno del estado, que subsidió totalmente las pruebas y el aretado en comunidades indígenas.
Ahora, el reto se traslada a la región sur de Chihuahua. En Allende comenzaron las pruebas piloto que permitirán ajustar el sistema operativo antes de extender el programa a los demás municipios de la zona. La intención es iniciar con aproximadamente 25 médicos veterinarios distribuidos estratégicamente y aumentar posteriormente el número conforme se consolide la supervisión. La meta es concluir el barrido regional en un plazo de cinco a seis meses.
Detrás de cada prueba existe un objetivo mucho mayor que únicamente detectar enfermedades. Para el presidente del Comité de Fomento y Protección Pecuaria, los productores deben dejar de considerar estas acciones como un gasto. Aseguró que cada prueba representa un valor agregado para sus hatos, ya que un ganado libre de tuberculosis y brucelosis incrementa su competitividad, mejora su productividad y ofrece garantías sanitarias a los mercados internacionales.
En otras palabras, la sanidad también genera valor económico. Un productor que mantiene un hato certificado no solamente protege a sus animales, sino que fortalece las posibilidades de comercialización y conserva abiertas las puertas de mercados altamente exigentes como el estadounidense. Esa diferencia puede traducirse en mejores precios y mayores oportunidades para toda la cadena productiva.
La relevancia del barrido sanitario también cobra fuerza en un momento en que la reapertura total de la exportación de ganado continúa siendo una de las principales aspiraciones del sector pecuario. De acuerdo con Sosa Venzor, Estados Unidos ha dejado claro que uno de los elementos fundamentales para recuperar plenamente la confianza es demostrar, mediante este tipo de programas, que Chihuahua mantiene un control sanitario eficiente y transparente.
Por ello, el dirigente hizo un llamado directo a los productores para colaborar plenamente con los médicos veterinarios encargados del programa. Insistió en que el éxito del barrido depende de que las pruebas se realicen con honestidad y sin intentar alterar resultados o cifras. No queremos que salga bien; queremos que salga excelente, resumió, al señalar que Chihuahua debe convertirse nuevamente en un ejemplo nacional de credibilidad sanitaria.
Esa credibilidad, recordó, no siempre existió. Recuperarla ha requerido años de trabajo conjunto entre autoridades estatales, Senasica, asociaciones ganaderas y productores. Por ello considera indispensable no retroceder ahora que el estado vuelve a ser observado favorablemente por las autoridades estadounidenses.

En este esfuerzo también coincidió el presidente de la Asociación Ganadera Local de Allende, Eloy Soto Payán, quien destacó que el barrido sanitario constituye una herramienta indispensable para garantizar que el hato ganadero permanezca limpio y listo para su comercialización. Señaló que mantener el estatus sanitario alcanzado durante tantos años representa uno de los mayores patrimonios de la ganadería chihuahuense y un factor determinante para fortalecer las expectativas de exportación.
Soto Payán subrayó que la cooperación de todos los productores será determinante para que el programa alcance una cobertura del 100%. Explicó que únicamente mediante la participación total del sector será posible demostrar que Chihuahua conserva las condiciones sanitarias que durante décadas lo han colocado entre los principales estados exportadores de ganado del país.
Los beneficios de este esfuerzo trascienden al propio ganadero. Cada becerro que logra exportarse genera una derrama económica que alcanza a médicos veterinarios, transportistas, comercializadores, proveedores de insumos, productores de forraje, establecimientos agropecuarios y decenas de actividades relacionadas con la cadena pecuaria. Mantener abierto ese mercado significa preservar miles de empleos y una parte importante de la economía rural de Chihuahua.
Por esa razón, el barrido sanitario que comenzó en Allende no debe verse únicamente como una campaña de pruebas diagnósticas. Representa una inversión en confianza, competitividad y futuro: es la oportunidad de demostrar que la ganadería chihuahuense continúa siendo sinónimo de calidad sanitaria y que el esfuerzo realizado durante décadas para construir ese prestigio sigue vigente.
En un contexto donde los mercados internacionales exigen cada vez mayores garantías, Chihuahua busca enviar un mensaje contundente: la sanidad no es una obligación administrativa, sino el principal activo de una ganadería que aspira a conservar su liderazgo nacional y recuperar plenamente las condiciones que le permitan fortalecer nuevamente la exportación de ganado hacia Estados Unidos.





