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Cempasúchil: flor de 20 pétalos que guía a las almas a su destino

LERDO, Durango. Xóchitl y Huitzilin se amaban. Un día subieron a una colina donde el Sol deslumbraba con fuerza. Ahí moraba Tonatiuh, el dios del Sol, a quien pidieron su bendición jurando que se amarían para siempre. La guerra se aproximaba y Huitzilin fue llamado a defender a su pueblo. Tiempo después, Xóchitl se enteró de su trágica muerte y, destrozada, pidió a Tonatiuh reunirlos nuevamente. El dios mexica la convirtió en una hermosa flor en botón de color amarillo intenso, como los rayos del mismo Sol al amanecer: era la flor de cempasúchil. Un colibrí, atraído por el aroma inconfundible de la flor de los 20 pétalos se posó en ella y se abrió: Xóchitl había reconocido a su amado Huitzilin, quien había tomado forma de colibrí. Desde entonces su amor prevalece en los campos mexicanos siempre que haya flor de cempasúchil y colibríes.

Esta leyenda prehispánica de los aztecas (más tarde de los mexicas) es la razón principal por la cual la maravillosa flor de cempasúchil es hoy símbolo de amor, vida, muerte y resurrección.

Su color simboliza la luz que conduce a las almas a su destino y su fuerte aroma puede guiar a los difuntos hasta la ofrenda que les espera el Día de Muertos.

La flor de cempasúchil es originaria de México, su nombre proviene del náhuatl «cempoalxóchitl» que significa «veinte pétalos» o » varias flores».

En México se estima la presencia de 35 especies de la flor, de las 58 referidas para América.

Muchas son las bondades de la flor de cempasúchil, incluso en los temas referentes a la salud. (DIANA GONZÁLEZ).

TRADICIÓN ANCESTRAL

De norte a sur, en México se siembra la flor de cempasúchil y este año fueron alrededor de 2 mil hectáreas en el país las que llenan de color y aroma los sembradíos con motivo del Día de Muertos.

En el municipio de Lerdo, Durango, cada año se siembran en promedio más de 100 hectáreas de flor de temporada (cempasúchil, mano de león, margaritas y nube), en las diferentes comunidades como Villa de Ciudad Juárez, La Loma, León Guzmán, Monterrey, Sapioriz, La Goma, 6 de Enero, El Rayo y Los Ángeles.

Para Samuel Martínez González, comisariado del ejido Los Ángeles y productor de flor de cempasúchil y mano de león (flor de terciopelo), desde hace 30 años, sembrar esta flor de temporada, más que un cultivo rentable es una tradición que debe preservarse en México.

La siembra comienza en agosto, para septiembre se poda para que la flor crezca de manera frondosa y en estas fechas se corta, antes del día 30 de octubre con el fin de que esté lista para adornar las tumbas de los difuntos el 2 de noviembre.

«Es una tradición que viene desde nuestros padres y ellos la adoptaron de nuestros abuelos y se queda uno con esta tradición porque, más que un negocio, para nosotros los productores y la gente que trabajamos la tierra esta es una tradición», dice Samuel, quien la cuida durante unos tres meses.

A veces, la vende por manojo o por bordo, es decir, la línea o surco del arado. «La ganancia en la siembra de flor es moderada pero para nosotros es una gran satisfacción producirla».

En años anteriores ha vendido el manojo de flor a 15 pesos, no obstante, en el panteón municipal de Lerdo el manojo ya se vende en 25 o 30 pesos, dice.

Únicamente del ejido Los Ángeles siembran alrededor de nueve productores, en total unas cuatro hectáreas de flores de temporada que adornan el paisaje rural.

El productor dice que este año hubo menos siembra de flor porque el año pasado no se vendió la misma cantidad debido al impacto económico negativo por la pandemia del COVID-19 y el cierre de panteones. Hubo mucha pérdida.

También apuntó que las tradiciones han ido cambiando y que algunas personas ya compran además otro tipo de flor para honrar a sus seres queridos fallecidos sin reconocer el verdadero significado de la flor de cempasúchil y la tradición que lleva consigo esta hermosa flor mexicana.

«Yo siento que las nuevas generaciones no le toman la misma importancia a las cosas. A muchos jóvenes de hoy no les interesa tanto preservar las tradiciones», dice Samuel, quien no obstante dice sentirse muy orgulloso y satisfecho al ver su campo lleno de coloridas flores, producto de su esfuerzo y trabajo, flores que dan vida a lo que será la última morada de todos algún día.

En los campos del ejido Los Ángeles, las flores resplandecen. El tapiz amarillo, naranja y morado (este último por las flores mano de león, de origen asiático) llenan de vida los alrededores. Sobre sus pétalos se posan los colibríes, las mariposas y las abejas que danzan para mostrar el camino a otras, contribuyendo así a la necesaria polinización.

Los campos de cempasúchil están llenos de vida, una vida que sirve para honrar a quienes ya no están entre los vivos pero siguen estando presentes.

En cada flor de muerto los productores rurales dejan un pedazo de su propia vida y, orgullosos, reconocen la importancia de preservar las tradiciones. (DIANA GONZÁLEZ)

UNA VIDA DE ESFUERZO

«Por eso es nuestro trabajo, nuestro trabajo es el resultado de una vida de esfuerzo y honrar a los muertos por lo que nos dieron en vida. merece la pena», dice Martín Montelongo, otro productor de flor quien la ha sembrado por 50 años. Hoy, a sus 75 años de edad, Martín continúa sembrando la flor de cempasúchil, sigue trabajando bajo los intensos rayos del Sol en el campo y el campo ha sido bueno con él pues no aparenta sus años, se encuentra fuerte y saludable. «Es la vida del campo… Aquí uno come sano, lo que sale de la tierra, nada de comida enlatada y eso… Ni nos gusta «, justifica el hombre.

Para Martín, sembrar las flores para tantas familias que acuden al panteón para visitar el lugar donde reposan sus ancestros es una gran satisfacción «porque nosotros las producimos, ahí está nuestro trabajo, ahí dejamos también un pedazo de vida», dice.

USOS MEDICINALES

Según la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desde el siglo XVI se tienen registros del uso medicinal de la flor de cempasúchil en el Códice Florentino. Como infusión (con flores libres de pesticidas) se alude a sus efectos para combatir el dolor de estómago, parásitos intestinales, empacho, diarrea, indigestión, cólicos, expulsar gases y vómito. También es útil para acelerar la cicatrización de úlceras.

Los aceites contenidos en la flor de cempasúchil tienen igualmente un resultado antibiótico contra bacterias como: pseudomonas aeruginosa, las cuales ocasionan infecciones tanto en vías urinarias como en las vías aéreas o el aparato respiratorio (fosas nasales, boca, laringe, faringe tráquea, bronquios, bronquiolos y pulmones); staphylococcus aureus (causan infecciones cutáneas, tos y fiebre); bacillus cereus (diarrea, dolor abdominal y náuseas) y escherichia coli (infecciones estomacales y diarrea).

Actúa contra los hongos: candida albicans (presente en infecciones vaginales), candida utilis (causante de afecciones respiratorias y urinarias), además del aspergillus niger (presente en infecciones pulmonares).

Adicionalmente Investigadores de la Universidad Autónoma de Chapingo desarrollaron a partir del aceite de la flor un bioplaguicida capaz de matar agentes que atentan contra los cultivos de los agricultores que a diferencia de los pesticidas comunes, no es tóxico para los alimentos y el consumo humano.

Este año se dio a conocer que un grupo de investigadores del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav) de Querétaro, busca implementarla para el tratamiento de cáncer de colon. Los especialistas emplean los compuestos fenólicos (compuesto orgánico) y carotenoides (pigmentos orgánicos) del cempasúchil para extraer y reducir las nanopartículas de oro, que pertenecen a esta flor, que pueden ser utilizadas para tratamientos del cáncer de colon. El propósito de fusionar los compuestos del Cempasúchil fue proporcionar a las nanopartículas mejores efectos citotóxicos, sustancia que elimina las células cancerosas, y disminuye el riesgo del crecimiento de las células dañadas por la enfermedad.

Los productores consideran que sembrar esta flor es una tradición que se debe preservar en México. (DIANA GONZÁLEZ)

Mi pueblo indio

Año con año esperábamos con gusto

los muertos que venían a visitarnos,

nuestros familiares que venían a vernos

con mucha comida los recibíamos,

muchos cohetes quemábamos,

con muchas flores de cempasúchil los llamábamos.

Fragmento del poema “Mi Pueblo Indio” del libro Sempoalxóchitl, Veinte Flores: Una Sola Flor, del autor José Antonio Xokoyotsij.

Fuente: El Siglo de Torreón

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