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Advierten que un “Súper Niño” podría disparar precios del maíz y frijol en México

Una sequía extrema de más de tres meses podría provocar incrementos de hasta 21% en el precio del maíz blanco y de hasta 29% en el frijol en México, de acuerdo con un estudio de especialistas del Banco de México (Banxico).

El escenario cobra relevancia ante el pronóstico de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), que contempla la posibilidad de que entre octubre y diciembre de 2026 se desarrolle un episodio particularmente intenso de “El Niño”, considerado potencialmente uno de los más fuertes desde que existen registros, a partir de 1950.

Investigadores de Banxico señalan que los efectos de una sequía prolongada sobre la producción agrícola se reflejan de manera acumulada en los precios. En el caso del frijol, el impacto máximo podría observarse después de cuatro meses de precipitaciones insuficientes, mientras que para el maíz blanco el efecto podría alcanzar su mayor intensidad después de seis meses.

“El Niño” es un fenómeno caracterizado por un calentamiento anómalo del océano Pacífico que modifica los patrones climáticos a nivel mundial. En México suele favorecer condiciones de sequía en distintas regiones, particularmente en la zona Centro-Sur, lo que podría elevar el riesgo de una reducción prolongada de las lluvias.

Maíz y frijol, entre los productos más sensibles

De acuerdo con el análisis de Banxico, el maíz blanco y el frijol presentan una mayor vulnerabilidad ante periodos prolongados de sequía debido a que una parte importante de su producción depende de las lluvias.

Además, ambos productos tienen un peso relevante en el gasto de los hogares mexicanos, que destinan en promedio alrededor de 9% de su presupuesto alimentario a estos alimentos.

Ante una eventual reducción de la producción nacional, las autoridades podrían recurrir a medidas para facilitar y abaratar las importaciones, con el objetivo de compensar la menor oferta interna y contener las presiones sobre los precios.

Sin embargo, los especialistas advierten que recuperar la capacidad productiva de los agricultores afectados sería un proceso más complejo. Entre las alternativas mencionan la modernización de los sistemas de riego y el desarrollo de variedades de cultivos con mayor resistencia a la falta de agua.

El estudio también plantea la necesidad de una coordinación estrecha entre productores y autoridades para anticipar las pérdidas agrícolas y definir con oportunidad las medidas necesarias para equilibrar la oferta.

Entre estas acciones se encuentra determinar el volumen de importaciones requerido para compensar la producción que pudiera perderse a causa de condiciones climáticas adversas.

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