Raíces, nutrientes y energía para afrontar el estrés climático en la uva de mesa

El primer factor que el especialista identifica es la capacidad de la planta para metabolizar el nitrógeno entre la brotación y la floración. “Es importante considerar la capacidad que tiene la planta de metabolizar el nitrógeno entre brotación y flor. Para ello, la calidad del sistema radicular en cuanto a aportar carbohidratos y fósforo a inicios de temporada resulta esencial. Manejar un sistema de raíces para que sea un buen exportador de azúcares y fósforo minimizará los problemas potenciales de condición”, indica Garavito.
El especialista advierte que cuando ciertos nutrientes comienzan a decaer, la planta los necesita con mayor urgencia para resolver el estrés. Entre los elementos clave menciona el zinc, que interviene en todos los mecanismos de protección; el magnesio, vinculado a la producción de clorofila; el hierro, el azufre y el manganeso, relacionados con la obtención de energía a nivel de citoplasma; y el calcio, necesario para controlar el aumento del etileno. También señala que un déficit de boro impide que las auxinas desciendan a las raíces para activar su crecimiento, lo que reduce a su vez la absorción de calcio.
Un segundo frente es el desbalance energético de una planta con fotosíntesis dañada, que requiere carbohidratos de rápida disponibilidad. A esto se suma el uso de antioxidantes como extractos de algas, activadores metabólicos y aminoácidos, que Garavito describe como una gran ayuda en los momentos críticos.
El especialista también llama a evitar las altas producciones de etileno generadas por el estrés, ya que esta hormona bloquea el proceso de respiración celular al unirse a los receptores de la membrana plasmática de la mitocondria. “No hagamos plantas, hagamos máquinas de hacer fotosíntesis”, concluye Garavito.




