
Douglas, Arizona— Las importaciones de ganado en pie proveniente de México se reanudaron el lunes 24 de agosto por primera vez en más de un año, con una reapertura gradual y altamente monitoreada en el puerto de entrada de Douglas, Arizona, marcando el fin de una pausa que sacudió a la industria ganadera en ambos lados de la frontera y que fue decretada para contener la amenaza del gusano barrenador del Nuevo Mundo.
En el primer día de operaciones, 716 cabezas de ganado sonorense de engorda fueron presentadas en el lado mexicano para inspección. De ellas, 692 cruzaron exitosamente tras pasar los rigurosos protocolos de revisión del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).
Las 24 restantes fueron rechazadas por presentar cortes menores, heridas y lesiones, en estricto apego a la política de tolerancia cero frente a cualquier condición que pudiera facilitar la entrada del devastador gusano barrenador del Nuevo Mundo (NWS por sus siglas en inglés) al hato doméstico estadounidense.
Bernie Terán, corredor de ganado mexicano con 35 años de experiencia, estuvo presente en el cruce Agua Prieta-Douglas el lunes mientras las primeras reses se preparaban para cruzar. El ganado promedió 724 libras (328 kilogramos), con un rango de 500 a 1,100 libras (227 a 499 kilogramos).
“Todo salió bien. El cruce y todo. Lo único del lado americano fue que esta es la primera vez que usan la etiqueta electrónica en la oreja donde tienen que escanearlas, y hubo muchos problemas con eso. Tardó muchísimo hacer el papeleo y el escáner no funcionaba correctamente al principio. Ese fue el único tropiezo”, resumió Terán.
El lunes por la tarde, 751 cabezas adicionales se encontraban en el puerto para inspección y cruce el martes. De ellas, 634 pasaron la inspección mexicana y fueron presentadas ante USDA el martes por la mañana. USDA rechazó 46 cabezas, aprobando 588 para el cruce.
La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, actualizó a los medios sobre la reapertura durante una conferencia de prensa el lunes 24 de agosto.
“Hoy estamos reabriendo el puerto de Douglas en Arizona. Creemos, basándonos en ciencia y datos, que hemos tomado cada paso para proteger el hato americano y al consumidor americano, y por eso ahora podemos comenzar lentamente a reabrir los puertos. En 30 días abriremos uno de los puertos de Nuevo México, y 30 días después, el segundo puerto de Nuevo México. No planeamos abrir ningún puerto de Texas en el futuro cercano, simplemente porque ahí es donde está la actividad real”, dijo Rollins.
El firewall sanitario
Desde el rancho en México hasta el corral de espera en Estados Unidos, el proceso de importación está diseñado para que sólo el ganado sano, verificado y libre de gusano barrenador realice el viaje. El proceso de cuatro etapas exigido por el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (APHIS) del USDA y las autoridades mexicanas funciona como un muro sanitario de múltiples capas.
La primera etapa comienza en la granja o centro de acopio de exportación, donde los animales se someten a pruebas de tuberculosis, verificación de castración en el caso de las vaquillas, tratamientos preventivos contra garrapatas entre 7 y 14 días antes de la inspección, y un examen específico contra el gusano barrenador realizado por un veterinario mexicano autorizado entre 3 y 5 días antes.
Cualquier animal con heridas abiertas o que no cumpla con alguno de estos requisitos es retirado inmediatamente del grupo de exportación.
La segunda etapa se desarrolla en una instalación de pre-exportación, donde dentro de las 24 horas previas a la inspección de USDA, un veterinario oficial del Gobierno mexicano realiza un examen exhaustivo y emite una certificación actualizada. Nuevamente, los estándares son estrictos: cualquier animal con heridas abiertas es retirado de inmediato.
La tercera etapa, considerada el último y más seguro punto de control antes de la frontera, es la inspección del APHIS en el lado mexicano. Aquí, el personal de USDA realiza exámenes físicos manuales, incluida una “prueba de raspaduras para garrapatas”, mientras que unidades caninas especializadas inspeccionan el ganado en busca de parásitos que los ojos humanos podrían pasar por alto.
Los animales también pasan por un baño anti-garrapatas final y se verifica meticulosamente su identificación oficial para garantizar una trazabilidad completa. Si los inspectores del APHIS encuentran alguna herida en esta etapa, el animal es rechazado oficialmente para su entrada a Estados Unidos.
Sólo después de superar cada una de estas pruebas, tratamientos, exámenes e inspecciones caninas, en la cuarta etapa, el ganado tiene permitido cruzar el puerto de entrada y es trasladado directamente a corrales seguros del lado estadounidense.
Tolerancia cero
El protocolo frente al gusano barrenador es inflexible. Cualquier sospecha de NWS desencadena un bloqueo bio-seguro inmediato: se toman muestras y todo el lote de ganado queda retenido en la frontera hasta que lleguen los resultados del laboratorio. Si se confirma la presencia del parásito, el lote completo es rechazado, la instalación de exportación afectada es cerrada de inmediato, desinfectada y sometida a una prohibición estricta de exportación por 90 días.
El senador Chuck Grassley respaldó el reinicio del comercio de ganado con México, pero dejó claro que cualquier falla en contener el gusano barrenador golpearía duramente a los productores. En el programa AgriTalk del lunes, enmarcó la moratoria reciente como una pausa necesaria mientras las autoridades evaluaban el riesgo sanitario.
“La moratoria que tuvieron sobre mantener el ganado fuera, y ahora creen que es seguro traerlo, ayuda a mantener en operación nuestra industria empacadora de carne y mantiene los precios al consumidor más bajos”, dijo Grassley.
El senador también marcó una distinción importante entre el ganado en pie importado y la carne procesada importada. “En realidad no impacta el mercado como lo hace la importación de carne procesada”, subrayó.
Persiste especulación
Derrell Peel, especialista en comercialización de ganado de la Universidad Estatal de Oklahoma, señaló que hay mucha especulación sobre qué esperar con la reanudación del comercio.
Las importaciones de ganado mexicano promediaron 1.17 millones de cabezas en los 20 años comprendidos entre 2004 y 2023, con un mínimo de 702,600 cabezas en 2008 y un máximo de 1.47 millones en 2012. Las importaciones están altamente correlacionadas con las condiciones de sequía en México, ya que la sequía severa provoca picos insostenibles en las importaciones.
“En promedio, el 36% de las importaciones anuales de ganado mexicano cruzan de septiembre a diciembre”, dijo Peel. “Si la frontera estuviera completamente abierta, el promedio de 1.17 millones de cabezas anuales implicaría que aproximadamente 421,000 cabezas podrían cruzar antes de fin de año”.
Con base en el historial, Peel predice que podría ser posible que entre 90,000 y 100,000 cabezas crucen por el puerto de Douglas en los últimos cuatro meses del año. Si los puertos de Santa Teresa y Columbus, Nuevo México, abren un mes después, podrían importarse entre 125,000 y 175,000 cabezas adicionales antes de fin de año.
Su estimación más conservadora sitúa las importaciones totales de ganado mexicano para el resto de 2026 en alrededor de 150,000 cabezas, aunque reconoce que hasta 250,000 sería posible en el mejor escenario.
La mayoría de las importaciones de ganado mexicano son ganado de engorda generalmente ligero. En 2023, el ganado de engorda con menos de 700 libras representó el 98.7% de las importaciones mexicanas, con el 29% pesando menos de 440 libras. Muchos de los animales más ligeros se utilizarán en programas de almacenamiento antes de ser colocados en corrales de engorda.
El estrecho suministro de ganado de engorda en Estados Unidos podría significar que más ganado mexicano, y más ligero, sea colocado directamente en corrales de engorda, con los primeros animales potencialmente disponibles para sacrificio hacia marzo de 2027.
Fuente: El Diario




