| El precio del cobre alcanzó este martes 4 de agosto un nuevo máximo histórico en la Bolsa de Metales de Londres (BML), al cerrar en US$6.439 por libra, superando el récord anterior de US$6.39 registrado el pasado 13 de mayo. El metal rojo avanzó 1.79% durante la jornada, en un nuevo episodio de la fuerte escalada que ha registrado este año.
El nuevo récord se produce en un contexto de menores inventarios de cobre fuera de Estados Unidos, mientras el mercado también permanece atento a la posibilidad de que se apliquen nuevos aranceles estadounidenses al metal. Las expectativas comerciales han llevado a empresas a adelantar compras y movimientos de inventarios, contribuyendo a fortalecer la cotización internacional.
La demanda estructural también ofrece respaldo al precio. El cobre es un componente fundamental para la electrificación, las energías renovables, los vehículos eléctricos, los centros de datos y la expansión de la inteligencia artificial, sectores que requieren grandes cantidades del metal. A esto se suma una oferta minera que enfrenta dificultades para responder con rapidez al crecimiento esperado de la demanda.
Para Chile, principal productor mundial de cobre, el escenario representa una oportunidad particularmente relevante. Cochilco proyectó en mayo un precio promedio de US$5.55 por libra para 2026 y estimó que el país mantendrá una participación cercana al 22% de la producción mundial. El nuevo máximo se encuentra, por tanto, considerablemente por encima de la previsión promedio anual del organismo.
El comportamiento del cobre ya está teniendo repercusiones sobre la economía chilena. La minería, particularmente la producción cuprífera, fue uno de los principales motores del crecimiento registrado por el país en junio, cuando la actividad económica aumentó 2.4% interanual. La producción de cobre creció 9.8% durante ese mes, reforzando la importancia del sector para la recuperación económica.
El nuevo récord coloca al cobre nuevamente en el centro de la atención de los mercados de materias primas y eleva las expectativas sobre los ingresos que los países productores podrían obtener durante el año. Si los precios permanecen en estos niveles, el impacto podría extenderse desde las compañías mineras hasta las finanzas públicas y las economías regionales vinculadas directamente con la actividad extractiva.
Fuente: mundo minero |