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La nueva geopolítica de los minerales críticos y tierras raras

Durante gran parte del siglo XX, el petróleo definió la política internacional. La transición energética, la revolución digital y el desarrollo de la inteligencia artificial han colocado en el centro de la competencia global de minerales críticos (cobre, grafito, níquel, cobalto, entre otros) y tierras raras (17 elementos químicos metálicos).

Estos recursos naturales extraídos de la corteza terrestre hoy son indispensables para fabricar baterías de vehículos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas, semiconductores, centros de datos, teléfonos inteligentes y sistemas de defensa. En otras palabras, el futuro tecnológico depende de recursos que hasta hace pocos años ocupaban un lugar secundario en la agenda internacional.

El creciente interés de Estados Unidos por Groenlandia ilustra este cambio de paradigma. Bajo su enorme capa de hielo se encuentran importantes yacimientos de tierras raras, grafito, cobre y otros minerales estratégicos. El deshielo del Ártico, consecuencia del cambio climático, facilita su acceso y convierte a esa región en un nuevo espacio de competencia geopolítica.

Lo que antes parecía un territorio remoto hoy representa una pieza clave para la seguridad económica y tecnológica de las grandes potencias, así como para la transición energética y la descarbonización, mismas que deben garantizar una gestión equitativa, justa y sostenible para evitar un deterioro ambiental que incida más en el cambio climático con efectos devastadores para muchas poblaciones.

La disputa, sin embargo, no se limita a Groenlandia, China domina la refinación de buena parte de los minerales críticos y mantiene una posición estratégica en las cadenas globales de suministro. La Agencia Internacional de Energía ha advertido que la producción y el procesamiento de estos materiales se encuentran altamente concentrados y que esa dependencia representa un riesgo para la seguridad económica y energética mundial. Recientemente, incluso alertó que las restricciones chinas a las exportaciones de tierras raras podrían afectar industrias cuyo valor supera los 6.5 billones de dólares fuera de ese país.

En este escenario, América Latina adquiere una relevancia inédita. Chile y Argentina concentran parte importante de las reservas mundiales de litio; Perú figura entre los principales productores de cobre; Brasil posee importantes reservas de tierras raras, y México cuenta con recursos estratégicos que podrían fortalecer su posición en las cadenas de suministro de Norteamérica.

De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), México se encuentra entre los principales productores mundiales de antimonio, barita, cobre, flúor, celestina, plomo, plata y zinc, además de contar con yacimientos de litio, grafito y tierras raras que aún presentan un amplio potencial de desarrollo.

No obstante, la verdadera competencia no consiste únicamente en extraer minerales. El valor agregado se concentra en su refinación, procesamiento y transformación en baterías, microchips, componentes electrónicos y tecnologías de alto contenido.

México enfrenta ahora el desafío traducir esa riqueza en desarrollo sostenible: evitar que los minerales críticos y tierras raras reproduzcan un modelo basado exclusivamente en la exportación de materias primas y en su lugar, se impulsen las actividades industriales y manufactureras que permita mejorar las condiciones de las regiones que disponen de estos cotizados recursos naturales.

 

Fuente: El Sol de México

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