Del pastizal al matorral

Las regiones áridas y semiáridas dominan gran parte del territorio mexicano y sostienen actividades productivas clave como la ganadería extensiva. Sin embargo, estos ecosistemas están experimentando transformaciones profundas que, aunque sutiles a simple vista, tienen implicaciones importantes para su funcionamiento ecológico y su futuro.
En un estudio reciente realizado en la región semiárida de Los Llanos de Ojuelos, que abarca parte de Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí, se analizaron los cambios en la vegetación a lo largo de 34 años, entre 1986 y 2020. Para ello, se utilizaron imágenes satelitales, datos climáticos y verificaciones de campo, con el objetivo de evaluar la respuesta de las plantas a la variación del clima y la precipitación. Uno de los hallazgos más relevantes es que, aunque el “verdor” de la vegetación ha aumentado ligeramente en promedio, esto no significa necesariamente que los ecosistemas estén mejorando. Al analizar con mayor detalle, se encontró que los pastizales —ecosistemas dominados por gramíneas con arbustos aislados— han perdido continuidad en el espacio. Es decir, aunque en algunos años parecen recuperarse en superficie, muchas de esas áreas no corresponden a los mismos sitios originales, sino a zonas donde la cobertura cambia constantemente.

En contraste, los matorrales, formados por arbustos y especies leñosas, han mostrado una mayor estabilidad a lo largo del tiempo. Esta diferencia es clave, ya que ambos tipos de vegetación cumplen funciones ecológicas distintas y responden de manera diferente al clima.
El estudio también reveló que la relación entre la vegetación y la precipitación no es tan directa como se pensaba. Tradicionalmente, se espera que en zonas áridas las plantas respondan rápidamente a las lluvias. Sin embargo, los resultados muestran que, en las últimas décadas, esta relación se ha debilitado. Incluso en años secos, algunos matorrales mantienen niveles relativamente altos de actividad vegetal.

Por otro lado, la temperatura parece jugar un papel cada vez más importante. Mientras que los pastizales tienden a verse afectados negativamente por el aumento del calor, los matorrales muestran una mayor tolerancia e incluso, en algunos casos, mantienen su actividad bajo condiciones más cálidas. Estas diferencias se explican, en parte, por sus sistemas de raíces: algunas especies leñosas desarrollan raíces profundas que les permiten acceder a reservas de agua en el subsuelo y resistir mejor las condiciones adversas.
Además de los factores climáticos, diversas actividades humanas están contribuyendo a esta transformación del paisaje. La ganadería extensiva, por ejemplo, puede reducir la cobertura de pastos al favorecer el sobrepastoreo, especialmente en áreas ya debilitadas por las altas temperaturas. Esto limita la capacidad de regeneración de los pastizales y abre nuevos espacios para el establecimiento de arbustos, lo que a su vez modifica el microclima y las propiedades del suelo, generando una serie de cambios en cascada que refuerzan la expansión de los matorrales.

En conjunto, estos resultados sugieren que el paisaje está experimentando una transformación gradual, donde los matorrales están ganando ventaja sobre los pastizales. Este proceso, conocido como “arbustización”, ya ha sido documentado en otras regiones áridas del mundo y puede tener consecuencias importantes, como la reducción de la productividad forrajera, cambios en la biodiversidad y alteraciones en los ciclos de agua y carbono. Más allá del caso específico de Los Llanos de Ojuelos, este estudio aporta evidencia de cómo los ecosistemas semiáridos pueden cambiar no solo en su estructura (qué tipo de vegetación predomina), sino también en su funcionamiento (cómo responden al clima). Comprender estas dinámicas es fundamental para diseñar estrategias de manejo y conservación que permitan enfrentar los retos del cambio climático en las tierras secas.

En un contexto donde las temperaturas continúan en aumento y la variabilidad climática se intensifica, estos hallazgos subrayan la importancia de monitorear los cambios en la vegetación y de adaptar las prácticas productivas para mantener la resiliencia de estos ecosistemas clave para México.
La información mencionada se encuentra en proceso de publicación y forma parte del proyecto de investigación CONACYT Ciencia de Frontera 320641: “Efectos del cambio de especies sobre la productividad y uso de agua de los matorrales y pastizales del centro-norte de México”.
Mayor información:
Dra. Teresa Alfaro Reyna
C.E. Edzná / [email protected]
Dr. Josué Delgado Balbuena
CENID Agricultura Familiar / [email protected]
Dr. Carlos Alberto Aguirre Gutiérrez
CENID Agricultura Familiar / [email protected]




