Becarios de la minería, estudiantes comparten su historia

| Para Denisse Alejandra García Carrazco y Erick Artemio Bustillos Rascón, estudiar una carrera profesional no es solo una meta personal, sino el resultado de un camino lleno de esfuerzo, cambios y oportunidades. Ambos provienen de pequeñas comunidades de la sierra de Sonora y hoy, como beneficiarios del Programa de Becas MON de Minas de Oro Nacional, dan pasos firmes hacia la construcción de su futuro.
Ellos forman parte de los 33 estudiantes universitarios becados en este ciclo escolar, de un total de 277 beneficiarios del programa, que cursan distintos niveles educativos, desde primaria hasta educación superior. Sus historias comienzan lejos de Hermosillo. Denisse creció en Matarachi, una comunidad de apenas 400 habitantes, donde sus primeros años escolares transcurrieron en aulas multigrado, compartiendo espacio con estudiantes de distintos niveles. Erick, por su parte, vivió su infancia en Mulatos, una localidad aún más pequeña, donde permaneció hasta los 13 años en condiciones similares. Con el tiempo, sus familias tomaron la decisión de mudarse en busca de mejores oportunidades, un cambio que marcaría el rumbo de ambos. Hoy, Alejandra cursa el cuarto semestre de Ingeniería Química en la Universidad de Sonora. Desde entonces, ha encontrado en la ciencia un espacio para desarrollarse y destacar. Participa activamente en proyectos académicos y de divulgación científica, y próximamente presentará una ponencia en el Congreso Estatal de Ciencias Exactas y Naturales de la propia institución. Además, trabaja en un prototipo didáctico que busca acercar conceptos de electrostática a estudiantes de nivel medio superior, convencida de que el conocimiento también se construye compartiéndolo. Su mirada está puesta en el futuro. Junto con su equipo, ha postulado un proyecto para el Congreso Nacional de Física que se desarrollará en próximos días en Ensenada, una experiencia que espera vivir con el respaldo de su beca. Más adelante, se proyecta realizando estudios de posgrado en el área de alimentos, motivada por su interés en el mundo de los destilados y otro de sus sueños, es trabajar en la industria minera. En su historia, también reconoce la huella que dejó su hermano mayor, quien, gracias al mismo programa de becas, logró convertirse en Ingeniero en Software. Erick, por su parte, se encuentra en el penúltimo cuatrimestre de la Licenciatura en Gastronomía en la Universidad Tecnológica de Hermosillo. Para él, la beca no solo representa un apoyo económico, sino una herramienta esencial para su formación. “Esta semana estamos trabajando cocina asiática y europea, y la beca me ayuda a adquirir los ingredientes necesarios”, comparte. Entre clases, prácticas y nuevos sabores, va construyendo poco a poco el sueño de tener su propio negocio: una cafetería familiar donde pueda aplicar todo lo aprendido. Ambos coinciden en que el camino no es sencillo pero vale la pena. Más allá de sus logros académicos, buscan inspirar a otros jóvenes que, como ellos, provienen de contextos similares. Alejandra lo resume con claridad: “Todos tenemos la posibilidad de ampliar nuestras oportunidades de vida; el único límite es uno mismo”. Erick, reconoce el impacto que ha tenido el apoyo recibido, especialmente para quienes deben dejar sus comunidades de origen para continuar sus estudios. Como en su caso y en el de Alejandra, el traslado a Hermosillo representó un reto, pero también una oportunidad que hoy se traduce en crecimiento y esperanza. Sus historias son distintas, pero comparten una misma filosofía: el esfuerzo, el compromiso y la certeza de que, con las oportunidades adecuadas, es posible transformar el lugar de origen en el punto de partida hacia un futuro más amplio.
Fuente: mundo minero |




