¿Por qué la selva no siempre se recupera igual?

Durante décadas, la ciencia forestal operó bajo una premisa sencilla: si la vegetación descansa tras un disturbio, recupera su altura, biomasa y diversidad de forma lineal y predecible con el paso del tiempo. Sin embargo, en el complejo paisaje kárstico de la Península de Yucatán, la realidad es mucho más profunda que la planteada por los modelos tradicionales.
Este estudio evaluó cómo los legados de perturbación y las limitaciones edáficas (del suelo) interactúan para moldear las trayectorias de recuperación. Tras analizar 100 parcelas y cuantificar su estructura, diversidad, biomasa (NDVI) e historia de uso, se confirmó que la selva no solo cambia con los años, sino que se divide en estados ecológicos definidos por su entorno:
- Tipología A (Selva Madura): Es el estado ideal del ecosistema. Representó el 11 % de los sitios estudiados y agrupa a los parches con mayor edad (promedio de 57.5 años). Aquí es donde la selva alcanzó su máximo esplendor: árboles que superan los 20 metros de altura, la mayor biomasa (NDVI de 0.63) y una diversidad de especies máxima. Son sitios que han tenido muy poca intervención humana a lo largo del tiempo.

Figura 1: Selva madura conservada.
- Tipología B (Selva Secundaria Enriquecida): Conformada por el 39 % de las parcelas, este grupo demuestra que la intervención humana puede ser positiva. Son parches jóvenes (28 años) con una diversidad casi tan alta como la de una selva virgen. Esto se debe a la “memoria ecológica” de las antiguas prácticas silvícolas que introdujeron especies clave, las cuales acelerarón la recuperación aunque los árboles aún no han alcanzado grandes alturas.

Figura 2: Selva enriquecida con caoba y cedro amargo, entre otras.
- Tipología C (Sucesión Estancada): Este es el escenario de alerta: parches de edad intermedia (31 años) donde la regeneración se ha detenido. Aquí la diversidad colapsó y los árboles no logran desarrollar su potencial completamente porque el 85.7 % de estos sitios están invadidos por lianas. Estas especies trepadoras han creaado una barrera física y lumínica que impide que la vegetación progrese, atrapándolo en un estado “suspendido” sin poder avanzar.

Figura 3: Lianas cubriendo el dosel e impidiendo el paso de luz.
- Tipología D (Selva Madura Restringida Estructuralmente): Representa el 29 % de los sitios y es quizá la más fascinante. Son parches muy antiguos (64 años en promedio, incluso más viejos que la Tipología A), pero que “parecen” jóvenes, los árboles casi no superan los 20 metros. A pesar de su baja estatura, tienen una diversidad y biomasa muy altas. No están degradados; simplemente han alcanzado su madurez máxima permitida por un suelo extremadamente rocoso y poco profundo que les impide crecer más sin morir de sed o caerse.

Figura 4: Perfil de suelo con roca madre caliza y raíces adaptadas.
Conclusiones
Este estudio describe el efecto y la importancia de los legados en la vegetación en suelos kársticos, donde se muestra que la recuperación depende más de la calidad del suelo y de la historia del sitio que los años transcurridos, conocer la historia de uso de suelo es fundamental para entender la ruta que siguen los bosques perturbados.
Referencia principal: Maya-Martínez, A.; Delgado-Balbuena, J.; Esparza-Olguín, L.; Aguilar-Duarte, Y.G.; Martínez-Romero, E.; Alfaro Reyna, T. Beyond Time: Divergent Successional Trajectories Driven by Legacies and Edaphic Filters in a Tropical Karst Forest of Yucatan Peninsula, Mexico. Forests 2026, 17, 386. DOI: https://doi.org/10.3390/f17030386.
Mayor información
Investigadoras del C. E. Edzná
Dra. Teresa Alfaro Reyna / [email protected]
Dra. Aixchel Maya Martínez / [email protected]
CENID Agricultura Familiar
Dr. Josué Delgado Balbuena / [email protected]
Centro de Investigación Regional Sureste
Dra. Yameli Guadalupe Aguilar Duarte / [email protected]




