Pecuaria

La sólida demanda mantiene al alza el precio de la carne de vacuno en EE. UU., pese a los altos costos en supermercados

En Estados Unidos, la fuerte preferencia de los consumidores por la carne de vacuno se ha convertido en un factor decisivo para la formación de precios y la rentabilidad a lo largo de toda la cadena de suministro, incluso en un contexto de precios elevados en el comercio minorista. Así lo concluye un estudio reciente elaborado por economistas agrícolas de la Universidad Estatal de Kansas.

Brian Coffey, coautor del análisis sobre el mercado minorista de carne vacuna en EE. UU., señala que la demanda del consumidor, y no únicamente la reducción del hato ganadero, ha desempeñado un papel central en la evolución del mercado durante los últimos años, superando incluso las expectativas del propio sector.

Junto con el economista Glynn Tonsor, Coffey examinó datos de ventas minoristas de carne de vacuno para entender la interacción entre oferta y demanda durante una de las mayores contracciones ganaderas de las últimas décadas. Los resultados muestran que, pese a la presión sobre la oferta, el consumo se ha mantenido firme.

Según Coffey, el punto de inflexión se remonta a 2019, cuando el censo vacuno estadounidense alcanzó su nivel más alto. Desde entonces, factores como la sequía, las condiciones del mercado y otras tensiones estructurales han provocado una reducción constante del número de vacas de carne.

“Desde 2019, el inventario de vacas de carne en Estados Unidos ha disminuido de forma continua, y este ha sido un elemento clave para entender la evolución de la cadena de suministro”, explicó el investigador.

En 2023, el sector aún atravesaba una fase de liquidación. Menos vacas significaron menos animales disponibles para el engorde y un menor sacrificio respecto a 2022, lo que intensificó la presión sobre la oferta. Sin embargo, la disponibilidad total de carne de vacuno para el consumidor se mantuvo estable.

Coffey atribuye este fenómeno a los avances tecnológicos y productivos, como mejoras en genética, nutrición y manejo, que permitieron producir animales más pesados y canales de mayor rendimiento y calidad. Además, las importaciones de carne, especialmente para carne molida, ayudaron a equilibrar el mercado interno.

Como resultado, en 2024 la cantidad total de carne de vacuno disponible en el mercado minorista fue superior a la de 2023, aunque con variaciones entre cortes. Aun así, los precios continuaron aumentando.

“Entre 2023 y 2024 observamos un incremento de precios. Es llamativo, porque la teoría económica sugiere que, con mayor oferta, los precios deberían bajar. En este caso ocurrió lo contrario: hubo más carne y los consumidores estuvieron dispuestos a pagar más”, explicó Coffey.

Esta aparente contradicción refleja el fortalecimiento de la demanda, con consumidores que asignan un mayor valor a la carne de vacuno, incluso en un entorno inflacionario.

De cara a 2025, Coffey anticipa una ligera reducción de la oferta minorista, ya que las ganancias en eficiencia productiva difícilmente podrán compensar por completo la menor disponibilidad de ganado. En este escenario, se espera que los precios vuelvan a subir.

“La demanda es el factor clave”, concluye Coffey. “La percepción del consumidor sobre la carne influye en toda la cadena de suministro y define la rentabilidad del sector. La fortaleza actual de la demanda está sosteniendo los precios más allá de lo que los factores de oferta explicarían por sí solos”.

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