Pecuaria

Prevén estabilidad en el sector vacuno neozelandés de cara a 2026

El informe anual sobre el sector ganadero y cárnico en Nueva Zelanda elaborado por el USDA destaca que la cabaña bovina se encuentra en un proceso de estabilización tras años de fluctuaciones causadas por factores climáticos, políticas ambientales y costos productivos. La combinación de mejores condiciones climáticas, reducción de la inflación rural, altos precios internacionales de la carne y mayor inversión en las explotaciones está favoreciendo la estabilidad del sector.

Para 2026 se prevé un sacrificio de 4,5 millones de reses, ligeramente por debajo del promedio de la última década, con una producción de unas 720.000 toneladas. Esto supone un rendimiento similar a 2024, con diferencia de que el peso medio por canal será mayor. Las exportaciones de carne vacuna alcanzarían las 650.000 toneladas, un 2% más que en 2025, impulsadas sobre todo por la demanda de Estados Unidos, principal comprador.

En la primera mitad de 2025 se observó una caída en el sacrificio y la producción, ya que los buenos precios de leche y carne incentivaron a los productores a retener vacas lecheras y engordar más animales para faena posterior. Esto redujo la oferta inmediata pero fortaleció la base futura de producción. En paralelo, las exportaciones hacia China descendieron un 28% interanual debido a dificultades económicas de ese país y a su preferencia por carne sudamericana más barata. En contraste, crecieron las ventas hacia EE.UU., Corea del Sur, Canadá y países del sudeste asiático.

El sistema productivo neozelandés se caracteriza por el pastoreo extensivo, altamente dependiente del clima. Aproximadamente un 60–70% de la carne sacrificada proviene del hato lechero (terneros machos, vacas de descarte y cruzamientos de lechero con cárnico). Las recientes normas de las procesadoras de lácteos prohibieron sacrificar terneros en finca salvo por enfermedades graves, lo que ha derivado en un mayor flujo de animales lecheros hacia cadenas de engorde y faena.

El entorno económico también resulta favorable. Tras varios años de fuerte presión inflacionaria en insumos, los costos financieros y de fertilizantes cayeron en 2025. Las tasas de interés más bajas, junto con un dólar neozelandés débil frente al dólar estadounidense, han mejorado la competitividad y permitido a los productores reducir deudas e incrementar inversiones en fertilización, instalaciones y tecnologías como el pastoreo virtual.

En materia de precios, los valores de carne bovina y ovina en finca alcanzaron máximos históricos. La debilidad cambiaria incrementa los retornos internos por exportaciones, mientras que la escasez mundial de carne bovina, especialmente en EE. UU. en fase de recomposición de su censo ganadero, refuerza la demanda. El precio por kilo exportado a ese país en 2025 fue en promedio 39% superior al obtenido en envíos a China.

En el ámbito político, el nuevo gobierno de coalición ha revertido parte de las regulaciones ambientales del ejecutivo anterior. Suspendió la inclusión de la agricultura en el esquema nacional de comercio de emisiones, flexibilizó las reglas de pastoreo y exclusión de ganado de cursos de agua, y revisa restricciones sobre plantaciones forestales para carbono. También pretende simplificar los planes de gestión hídrica.

China, por su parte, inició en 2025 una investigación de salvaguardias sobre importaciones de carne bovina, que incluye a Nueva Zelanda. Sin embargo, dado que las ventas neozelandesas hacia ese mercado decrecieron en los últimos años, el sector considera improbable que se adopten medidas severas que afecten sus intereses.

Respecto al consumo interno, se proyecta un nivel de 84.000 toneladas en 2026, apenas un 10% de la producción nacional y muy por debajo del promedio histórico, debido a que el mercado local se ve limitado por precios altos y por la preferencia creciente de los hogares por el pollo, que ya representa un tercio del consumo proteico.

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