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Jalapeños del sur de Chihuahua conquistarán EU; preparan exportación de cosecha

e las mil 500 hectáreas de chile sembradas este año en la región del Río Florido, productores se preparan para destinar el 40% de la cosecha al mercado estadounidense tras haber afianzado el resto a empresas mexicanas como La Costeña y Herdez. Ante esto, agricultores del municipio de López como Antonio Ibarra apuestan a la técnica del acolchado para ahorrar hasta un tercio de agua en zonas afectadas por la sequía y la sobreexplotación de pozos.

Productores campesinos de la región de Jiménez se preparan para la cosecha del ciclo agrícola 2026, en el que esperan que el clima les permita recoger lo que sembraron. A principios del año se aumentó la tierra en producción, pasando de mil 300 a mil 500 hectáreas de chile en sus diferentes presentaciones, desde el jalapeño hasta el de árbol.

Para ello, algunos de los campesinos decidieron tecnificar su siembra y aplicaron la estrategia del acolchado, una especie de manta que cubre toda la tierra sembrada, inhibiendo el crecimiento de hierba ajena a la semilla y consumiendo menos agua que el método habitual. Este modelo es aplicado por Antonio Ibarra, de López, quien destacó que en 2025 recogió el doble de la producción y ahorró el triple en el consumo del agua.

Por su parte, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) informó que en el distrito del Río Florido —que integra a los municipios de López, Jiménez y Coronado, así como una parte territorial de Valle de Allende— se producen más de mil 500 hectáreas de chile. El 40% es dirigido al extranjero y el resto se distribuye en México para las principales empresas enlatadoras como Herdez, Del Fuerte, La Costeña y Clemente Jaqués.

De acuerdo con Roberto Baca, delegado de dicho organismo federal, aunque poco a poco algunos productores innovan con técnicas nuevas, la mayoría aún aplica el método tradicional. Sin embargo, lamentó que este panorama pueda perjudicarlos, pues la zona se está quedando sin suficiencia hídrica, dejando en incertidumbre a cientos de campesinos al norte del país.

Aumenta 25% la producción de chile
El ciclo agrícola del presente año tuvo un aumento significativo para los campesinos en la producción del chile en las tierras de López, Coronado y Jiménez, pues de acuerdo con Roberto Baca, los productores sembraron más este año que el pasado, al reportarse un total de mil 500 hectáreas a diferencia de 2025, cuando fueron mil 200. El funcionario federal informó que se llevó a cabo un consenso a principios del ciclo —alrededor de dos meses atrás— en el que se contabilizaron las hectáreas sembradas en 2026 y de las que se espera una cosecha de la misma cantidad, pues esto pudiera variar por las condiciones del clima. En este sentido, dijo que los campesinos reportaron, en total, mil 500 hectáreas de tierra sembrada, representando un 25% más que el año pasado, cuando se plantaron mil 200 hectáreas.

En entrevista, explicó que se trata de un distrito amplio que contempla al menos la totalidad de tres municipios: López, Jiménez y Coronado, pero subrayó que también se llegan a contabilizar algunas parcelas de Valle de Allende, sobre todo las que están vecinas a los municipios ya mencionados. Añadió que los productores contratan a los jornaleros para ir a cultivar la tierra y meses después acudir a la pizca. Las contrataciones son principalmente de personas originarias de la Sierra Tarahumara o de pueblos indígenas del sur del país. Baca acentuó que esta región de Jiménez ha enfrentado la sequía prolongada del último lustro, pero que, pese a ello, se ha logrado regular la producción agrícola.

Según expuso, durante 2025 la producción de chile fue aproximadamente mil 200 hectáreas de tierra sembradas y los resultados de la cosecha fueron desde el chile jalapeño, chile de árbol, chile chipotle y demás variedades que han posicionado al norte del país como un referente en la producción de vegetal picante. Este año las tierras sembradas fueron aún más, aun con la sequía, pasando a un total de mil 500 hectáreas. No obstante, ser agrícola en Jiménez y otras partes de Chihuahua es enfrentarse a los retos naturales, entre ellos las granizadas, las lluvias y el frío, que llegan incluso en temporada de verano. “El cambio climático nos deja en incertidumbre porque no nos advierte para prepararnos, solo llega con granizada en exceso y nos deja pérdidas”, dijo el funcionario.

Sin embargo, refirió que en aquel periodo los productores también invirtieron en la producción de cebolla y otras semillas, todo conforme a las exigencias del mercado que, en comparación con este 2026, ahora se inclinó por el chile. El entrevistado explicó que este ciclo agrícola las tierras fueron sembradas mayormente de chile y cuantificó que pudiera tratarse de un 25% más que el periodo pasado. Baca expuso que en diálogos con los campesinos conoció que la decisión fue por una posible demanda en el consumo de chile en el contexto nacional, por lo que los campesinos de Jiménez, López y Coronado le apostaron a la siembra del mismo vegetal. Cabe señalar que la producción agrícola va destinada principalmente a los grandes comercios que producen alimentos enlatados como La Costeña, Del Fuerte, Herdez y Clemente Jaqués, entre otros.

El 40% para Estados Unidos
De acuerdo con Roberto Baca, cientos de productores campesinos de la región desértica de Jiménez han encontrado en el mercado internacional a compradores de mayoreo, lo que les ha aliviado la carga económica. De tal modo que en este 2026 la producción agrícola está ya destinada para dicho mercado, puntualmente para el de Estados Unidos, quien compra el chile a un mejor precio, lo que les resulta rentable a los campesinos.

La producción de chile en el distrito agrícola Río Florido no solo ha crecido en superficie sembrada durante este 2026, sino que también ha encontrado una oportunidad de comercialización más rentable fuera de México. De acuerdo con el delegado regional de la Sader, alrededor del 40% de las mil 500 hectáreas sembradas este año tendrán como destino el mercado de exportación, principalmente hacia Estados Unidos.

El funcionario explicó que durante los últimos años los productores de la región desértica de Jiménez han logrado establecer vínculos comerciales con compradores de mayoreo en el extranjero, situación que ha permitido mejorar las condiciones de venta de sus cosechas. A diferencia de otros ciclos agrícolas en los que gran parte de la producción dependía exclusivamente del mercado nacional, actualmente existe una demanda constante proveniente del vecino país del norte, donde el chile chihuahuense ha encontrado un nicho atractivo por su calidad y disponibilidad.

Según detalló Baca, la decisión de incrementar la superficie sembrada este año estuvo relacionada precisamente con las expectativas de comercialización. Los productores observaron que el chile mantenía condiciones favorables de mercado y optaron por destinar una mayor cantidad de tierras a este cultivo, alcanzando un crecimiento del 25% respecto al año anterior, al pasar de mil 200 a mil 500 hectáreas sembradas en los municipios de Jiménez, López y Camargo.

El atractivo del mercado estadounidense radica principalmente en el precio de compra. Los agricultores reciben una mejor remuneración por su producto en comparación con algunas opciones de comercialización nacional, lo que les permite absorber costos de producción cada vez más elevados derivados de la sequía, el incremento en los insumos agrícolas y los gastos relacionados con el riego de los cultivos.

Para cientos de familias campesinas de la región, la exportación representa una alternativa para mantener la rentabilidad de sus parcelas en un contexto complicado para el campo. La escasez de agua ha obligado a muchos productores a tecnificar sus sistemas de cultivo y buscar mercados que garanticen mejores ingresos. En este escenario, la venta hacia Estados Unidos se ha convertido en una opción estratégica para sostener la actividad agrícola. No obstante, el mercado nacional continúa siendo un destino importante para la producción regional. El 60% restante de la cosecha se comercializará dentro del país, principalmente con empresas procesadoras y fabricantes de alimentos enlatados que utilizan variedades como jalapeño, serrano, chilaca y chipotle en sus líneas de producción.

La combinación de exportación y consumo nacional ha permitido diversificar los canales de venta para los productores del distrito Río Florido. Esta estrategia reduce la dependencia de un solo mercado y brinda mayores posibilidades de colocar la cosecha en condiciones favorables, algo fundamental en una actividad donde los precios suelen variar constantemente.

Con una producción que cada vez encuentra más espacios fuera de las fronteras mexicanas, los agricultores de Jiménez, López y Camargo buscan consolidar al chile como uno de los cultivos más rentables de la región. La expectativa para este ciclo agrícola es que la demanda internacional continúe creciendo y que los beneficios económicos derivados de la exportación se reflejen en una mayor estabilidad para las familias dedicadas al campo.

Técnica del acolchado
En una región donde la sequía se ha prolongado por más de cinco años y el agua se ha convertido en el principal desafío para la producción agrícola, algunos productores del distrito Río Florido han comenzado a demostrar que la tecnificación puede marcar la diferencia entre mantener una actividad rentable o enfrentar pérdidas constantes. Uno de los casos más representativos es el de Antonio Ibarra Moreno, agricultor del municipio de López, quien implementó una técnica de acolchado en sus plantíos de chile con resultados que hoy son observados por otros productores de la región.

La estrategia consiste en colocar una cubierta plástica sobre los surcos de cultivo para conservar la humedad del suelo, disminuir la evaporación y evitar el crecimiento de maleza. Además de reducir la competencia por nutrientes, el sistema permite que el agua permanezca por más tiempo en la tierra, optimizando cada riego aplicado. Según comentó, diversos estudios agrícolas señalan que el acolchado contribuye a reducir la pérdida de humedad, mejorar el rendimiento de los cultivos y disminuir los costos de producción relacionados con el control de malezas.

Los resultados obtenidos por Antonio Ibarra durante el ciclo agrícola anterior fueron contundentes. Antes de implementar la técnica, utilizaba alrededor de 12 mil litros de agua para abastecer sus parcelas; sin embargo, tras la incorporación del acolchado, el consumo disminuyó a aproximadamente 3 mil 300 litros, lo que representó un ahorro cercano al 70%. Esta reducción no solo tuvo un impacto positivo en la disponibilidad del recurso hídrico, sino también en los costos de operación de la unidad productiva.

Otro beneficio importante fue la disminución de gastos en mano de obra. Al impedir el crecimiento de hierba entre los cultivos, el productor redujo la necesidad de contratar personal para realizar labores de limpieza y deshierbe, permitiéndole destinar recursos a otras áreas de la producción. A ello se sumó un incremento en la productividad de las parcelas, lo que mejoró significativamente la rentabilidad del cultivo.

Los resultados alentaron al agricultor a ampliar su superficie de producción durante este año. De acuerdo con la información proporcionada por autoridades agrícolas, Antonio Ibarra incrementó en un 75% el área destinada al cultivo de chile, convencido de que la tecnificación representa una alternativa viable para enfrentar las condiciones climáticas adversas que afectan al sur de Chihuahua.

Para Roberto Baca, delegado de la Sader en el distrito Río Florido, experiencias como la de Antonio Ibarra evidencian que la innovación tecnológica puede convertirse en una herramienta fundamental para sostener la actividad agrícola en la región. La tecnificación ya no es vista únicamente como una opción para incrementar la producción, sino como una necesidad para garantizar la permanencia de los cultivos en un escenario de escasez hídrica.

Mientras el 40 por ciento de la cosecha de chile de este año se prepara para abastecer el mercado estadounidense y el resto se distribuirá en territorio nacional, el futuro del cultivo parece depender tanto de la apertura de nuevos mercados como de la capacidad de los productores para adaptarse a una realidad marcada por la falta de agua. En ese contexto, la experiencia de López demuestra que la tecnología y la innovación podrían ser tan importantes para el campo chihuahuense como la propia tierra que se cultiva.

Fuente: El Sol de Parral

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